En esta y en la próxima entrada daré cuenta de algunas portadas de pliegos de temática criminal y con contenido violento que circularon por Buenos Aires a finales del siglo XIX. Todas ellas, como ilustraciones de cabeceras de los pliegos, fueron distribuidos desde el mismo lugar: Véndese; Almacén de papel de Alemany Hermanos. Calle de La Piedad, Nº 53, 55 y 57. Buenos Aires. Ello es el motivo para reproducir y agrupar de forma conjunta estas cabeceras por proceder todas ellas del mismo almacén distribuidor en la ciudad de Buenos Aires, cuyas imágenes anticipadoras de lo posteriormente narrado vienen a excitar la morbosidad de los posibles compradores.
Independientemente del desarrollo de la fábula discursiva de cada pliego, las formas de violencia y horror de sus ilustraciones son todo un recurso comercial y estético. Se trata, sin duda, de elementos atrayentes, aunque inapropiados respecto a un punto de vista moral y ético por cuanto atacan a la sensibilidad. Este tipo de ilustraciones, que fascinan y estremecen al receptor, buscaban suscitar un desaforado interés por conocer la historias que se cuentan en cada pliego suelto.
En estos pliegos de contenido violento lo horroroso es un recurso estético para su difusión, tanto desde el punto de vista del impresor como de los vendedores de estas historias. Los motivos violentos, de gran predicamento antiguo se conocen, tanto en la tradición literaria como en la trasmitida oralmente. Estos pliegos, basados en la fascinación que ejercen sus ilustraciones, provocan a su vez todo un rechazo sentimental, aunque atrayente como recurso estético. Si nos atenemos a la visión académica, esta continuidad por lo horroroso o violento viene a enlazar lo culto con lo tradicional y popular. Lo horroroso que aparece en este tipo de composiciones es un aspecto más a tener en cuenta desde un punto de vista multidisciplinar, tal y como sería etiquetado lo maravilloso, lo catastrófico, lo sobrenatural o religioso.
Julio Caro Baroja, ya apunta certeramente en Romances de ciego. Antología, 2ª ed., (1ª: 1966), Taurus Ediciones, Madrid, 1980, p. 10.
El tremendismo no es de hoy. El tremendismo ha constituido siempre parte del instinto literario popular. Pero los ciegos cantores de romances, al menos los antiguos, no podían pensar en la existencia de un tremendismo laico o laicificado, como el que hoy está al uso. Lo tremendo para ellos estaba siempre ligado, de una manera u otra, a lo religioso. Era, usando una fórmula conocida para los historiadores de las religiones, “mysterium tremendum”.
Lo horroroso queda unido a un sentimiento de fascinación como generador de un rechazo hacia la violencia, pero que no deja de ser al mismo tiempo atractivo y fascinante. Estas cabeceras ilustradas de pliegos buscan un efecto de atención inmediata con vistas a sus posibles compradores y lectores. Ello hay que considerarlo como una presumible estrategia, tanto editorial como comercial, para su difusión y venta.
Isabel Segura, en la introducción de su libro: Romances horrorosos. Selección de romances de ciego que dan cuenta de crímenes verídicos, atrocidades y otras miserias humanas, editorial Alta Fulla, Barcelona, 1984, los agrupa según estas pautas:
La selección de romances que presentamos tiene por tema central el crimen -violación grave de la ley moral, escrita o no- y el asesinato -acción de matar con premeditación y alevosía-, acciones ambas transgresoras del orden establecido.La tipología del asesinato que aquí se presenta se reduce a magnicidios, infanticidios y parricidios, siendo estos últimos los más frecuentes. La víctima no suele ser una sola persona, sino más bien la mayoría de los miembros de la familia, sea porque el hijo mata a padre y hermanos, sea porque el marido (o la mujer) mata a su cónyuge y a los hijos.Hemos agrupado los romances de asesinatos seleccionados según las causas que los motivaron, que hemos reducido a cuatro: el robo, las pasiones, la perversidad y la política.
Estas estrategias narrativas hunden sus antiguas raíces en una gran pluralidad de relatos, ya sean en versos, novelas, teatro o en cuentos tradicionales como continuidad cultural. Desde un punto de vista académico su contenido narrativo debe de ser comparado con otras formas de discurso, tanto orales como escritas, así como sus cruces y permanencias discursivas a lo largo del tiempo.
La finalidad de esta primera entrada solo pretende señalar la importancia que tuvo el comercio marítimo en el traslado de libros y pliegos de la península hacia Iberoamérica y que adquirieron notable difusión y éxito en los países receptores como entretenimiento popular. Como curiosidad, muchos de sus historias se asocian como sucedidas en localidades peninsulares, aunque su difusión se estableciera en Buenos Aires.
A este tipo de ilustraciones acerca de crímenes horrorosos ya dediqué, hace doce años, una entrada generalista sobre algunos impresos sueltos distribuidos por talleres españoles.

©Antonio Lorenzo