martes, 20 de junio de 2017

Vida del soldado y recuerdo de la campaña de África


En el colofón del pliego que reproduzco puede leerse:
"Se halla de venta en la tienda de Antonio Borrás, cuesta del Teatro [Palma de Mallorca], en donde se hallará un completo surtido de historias, comedias, sainetes, folletos y romances, tanto en mallorquín como en castellano. También se escriben cartas".
El interés del pliego, del que no figura fecha de edición, aunque por su colorido y estructura no parece demasiado antiguo, reside en la incorporación al final del mismo del Recuerdo de la Campaña de África. Este recuerdo viene precedido por  una relación de las penalidades que pasa un soldado a lo largo de su servicio militar hasta el momento de recoger su anhelada licencia y regresar a casa.

No quiero dejar pasar la oportunidad de comentar algo que, bajo una perspectiva actual, nos puede resultar chocante o desconocido. Si vamos leyendo las vicisitudes que pasa el soldado y que se van desarrollando en el pliego, una vez cumplido su servicio militar puede leerse:

                               ..."Se sale de la cantina
                               con dirección a la plaza
                               para comprar una cinta
                               y un canuto de hoja de lata".

Este canuto o cilindro de hoja de lata se refiere a la antigua costumbre entre los soldados españoles a conservar la licencia absoluta, una vez firmada por el jefe militar correspondiente, enrollada en el interior de ese canuto, a modo de portadocumentos. Los había simples y más elaborados. Se solía decorar con cintas y se colgaba del cuello en su regreso a casa, procediéndose a guardado con delicadeza en un armario, hasta acabar seguramente olvidado en un trastero. Esta práctica fue sustituida por la famosa cartilla o "La blanca".

Esta costumbre se mantuvo hasta principios del siglo XX, y seguramente tiene que ver con la conocida expresión de "pasarlas canutas". El soldado, una vez licenciado tras un tiempo considerable de "servicio a la patria" y tras regresar a casa, solía encontrarse sin empleo y sin trabajo o con un sustituto ocupando su antigua plaza. Esa situación le hacía añorar, de algún modo, su estancia en la mili,  donde al menos tenía asegurado un techo, el vestuario, la comida y la cama. Eran momentos difíciles de pasar penalidades ["pasarlas canutas"] hasta lograr acomodarse a una mejor situación.




Para contextualizar el "Recuerdo de la Campaña de África" que figura en el pliego, copio parte de lo editado en entradas anteriores referidas a estas guerras:
"Los conflictos de España con Marruecos pueden resumirse, en un sentido amplio, en cuatro grandes etapas que marcan otros tantos puntos de inflexión, si bien ciertamente discontinuos en el tiempo: la primera de ellas hace referencia a la guerra mantenida con Marruecos en 1859-1860; la segunda, a la guerra de Melilla de 1893. La tercera, a la guerra de Melilla de 1909, con la derrota militar del «Barranco del Lobo» y coincidente con la llamada «Semana Trágica» de Barcelona, que acabó con el fusilamiento de Francisco Ferrer y Guardia y con el derrocamiento del gobierno conservador de Maura, y, en una cuarta etapa, la llamada guerra del Rif, en 1921, con el desastre de Annual y los episodios del Monte Gurugú y Monte Arruit, etc., hasta desembocar en la paz definitiva, en 1927, bajo la dictadura del general Primo de Rivera".
La cronología de este primer enfrentamiento (1859-1860) contra el imperio marroquí puede resumirse así:
    
1859 (22 de octubre) Declaración de guerra a Marruecos.
1860 (01de enero) Victoria de los Castillejos por el general Prim
1860 (2-5 de febrero) Conquista y toma de Tetuán por O’Donnell.
1860 (23 de marzo) Victoria de Wad-Ras.
1860 (26 de abril) Paz con Marruecos.

Pasemos al pliego.





La última plana, donde se recoge la poesía escrita por  un soldado del "Batallón de Cazadores de las Navas", firmada por un tal A. del P., se refiere a la guerra de 1860.

Seguramente, y dada la sospecha de que el pliego parece posterior a esa fecha, puede tratarse de un "relleno" para completarlo, práctica habitual en otros muchos impresos populares.

Pues bien, la citada poesía es la letra adaptada de un himno militar recogida en el capítulo dedicado a las "Guerras de África", de un espléndido libro que contextualiza y nos ofrece referencias de esos cantos olvidados, pero que reflejan los hechos bélicos de acuerdo a una mentalidad y a una época, ya que en ningún caso pueden tratarse como expresiones aisladas, sino como arma ideológica y propagandística.



80. Sus por la patria a lidiar Cántico popular de guerra


Aunque en la recopilación del cancionero no se incluye, he localizado la partitura del cántico popular de guerra, con letra de Pedro Niceto de Sobrado y música de J. Oscar Camps y Soler, editada en Madrid en 1859 por Carrafa y Sanz Hermanos, editores.

Reproduzco la primera hoja, donde se especifica que tiene un "Aire de tirana".


Como se puede apreciar, la autoría del texto que aparece en el pliego, firmada por un tal A. del P., no coincide con el autor de la letra de la partitura editada.

Hay ligeras diferencias entre la letra del cántico y lo publicado en el pliego. En la letra del cántico se alude a las matanzas de Las Navas y de Lepanto, mientras que en el pliego no figura esa estrofa y en cambio especifica la descendencia de Gonzalo [Fernández de Córdoba, "el Gran Capitán"] y de Pulgar [Hernán Pérez del Pulgar].
©Antonio Lorenzo

martes, 13 de junio de 2017

El mundo de los disparates: El trastorno universal

Ilustración del "Álbum de Momo" (1847)
Este es un ejemplo de una relación de disparates donde no se aprecia un interés satírico o crítica burlesca, sino una especie de tótum revolútum de nombres de ciudades y de localidades sin orden ni concierto. Nada parecido a otras composiciones mucho más ingeniosas y trabajadas donde pueden inferirse entre líneas críticas a determinados personajes o disfrutar de situaciones cómicas por lo extravagante de sus asociaciones.

La relación, en su conjunto, no parece obedecer a un objetivo determinado, por lo que se convierte en una especie de sarta de incoherencias en un desfile vertiginoso de ciudades y lugares. En definitiva, una acumulación enumerativa de imposibles.

El pliego, del que no conozco otras versiones, fue impreso en Barcelona por Ignacio Estivill en 1854, impresor al que ya dedicamos una entrada anterior, que puede consultarse a través del siguiente enlace:

lunes, 5 de junio de 2017

El mundo de los disparates: Décimas disparatadas para reír y pasar el tiempo

Ilustración de "El Álbum de Momo" (1847)
El tema de los disparates puede considerarse un subgénero de los pliegos de cordel y de la tradición folklórica en general. Tanto los pliegos de cordel como las aleluyas o aucas guardan estrecha relación con el tema del mundo al revés y con las manifestaciones folklóricas infantiles, donde las sorprendentes imágenes y metáforas ingeniosas ejercen fascinación y nos conectan con un universo mágico e irracional lleno de sugerencias.

En el saco sin fondo de los pliegos de cordel también se recogen determinadas composiciones donde el elemento rítmico y sonoro, acompañado de un sentido de juego, adquiere singular importancia. Esta experiencia lúdica conecta con lo que se denomina el sinsentido: expresiones con contenidos absurdos que en el mundo infantil sirven como soportes de formas de "echar a suertes" antes del inicio de un juego o bien como simple motivo de diversión.

Aunque en el pliego que reproduzco, editado en Madrid por Marés en 1855, no figura el autor de los versos, sabemos que corresponden al injustamente olvidado Juan Martínez Villergas.






No está de más aprovechar estos ingeniosos y disparatados versos para comentar algo de la vida y producción literaria de su autor.

Juan Martínez Villergas (Gomeznarro, Valladolid, 1816 - Zamora, 1894) 


El ilustre ensayista, profesor y escritor vallisoletano Narciso Alonso Cortés (1875-1972), publicó en el año 1910 un Bosquejo biográfico-crítico sobre Juan Martínez Villergas [Valladolid, Tipografía del Colegio Santiago para huérfanos del Arma de Caballería]. El nombre de Villergas ahora no nos dice nada y se encuentra sepultado en un injusto olvido, pero gozó de gran fama por sus publicaciones satíricas y burlescas en la prensa local de la época, considerado como uno de los poetas satíricos más ilustres del siglo XIX.

Las composiciones jocosas y divertidas de Juan Martínez Villergas fueron ampliamente leídas en las sociedades artísticas y literarias (también entre las capas populares, como se desprende del pliego). En 1842 dio Villergas a la imprenta la primera edición de sus poesías, que habían venido ilustrando distintas publicaciones en la prensa.

En abril de 1843, el escritor valenciano Wenceslao Aiguals de Izco creó un semanario titulado La risa, donde nuestro autor colaboró con gran asiduidad mediante cuentos, epigramas, artículos de costumbres, letrillas festivas o narraciones de viajes.

Participó escribiendo en periódicos festivos como El fandango, El Dómine Lucas y en publicaciones de corte republicano donde podía exponer sus ideas de una forma más explícita que en los diarios de ideología monárquica. Tampoco hay que desdeñar sus producción dramática, estrenando con éxito obras como Ir a por lana y salir trasquilado o El padrino a mojicones, etc.
Su soltura para la versificación y su mordacidad para los políticos que no eran de su agrado le hicieron ser agresivo hasta la ofensa, lo que le ocasionó abundantes poblemas. Pero es en la publicación El Tío Camorra, periódico político y de trueno, iniciado en 1847, donde arremetía contra políticos y literatos. Leídas con la perspectiva actual, tienen poco interés al referirse a menudencias políticas que ahora nos resultan ajenas por razones de actualidad y por desconocer el contexto que engloba sus aceradas críticas.

Los años convulsos que le tocó vivir y debido a las severas críticas y a sus enredos le llevaron a la cárcel. Sin embargo, su azarosa vida le condujo a una serie de nombramientos: en 1855 fue nombrado consul de España en la ciudad inglesa de Newcastle. A la caída de Espartero, a quien tanto atacó, el gobierno de O'Donell le nombró cónsul general de España en Haiti. A su llegada a Puerto Príncipe para ocupar su puesto, se enteró de que su nombramiento había sido anulado por el nuevo gobierno que había reemplazado al de O'Donell. Sin recursos, en 1857 tuvo que embarcarse para Cuba y en La Habana logró al poco tiempo publicar en un semanario llamado La Charanga variados artículos y poesías. En 1858 embarca para México. En Veracruz, al tomar una diligencia, fue asaltado por tres bandoleros y tuvieron que defenderse a tiro limpio, quedando herido uno de los bandoleros. Tras su breve estancia en la capital mexicana regresó de nuevo a La Habana en 1859 donde creó un nuevo periódico llamado El moro Muza. En 1861 decidió regresar a España, aunque fue por poco tiempo.

Vemos, en fin, que la agitada y azarosa vida de Villergas no le impidió desarrollar una gran obra llena de talento, a caballo entre la sátira política y estudios serios y competentes propios de un gran creador. Su temperamento batallador e inquieto dejó de acompañarle en Zamora el año 1894.

Sus poesías jocosas y satíricas alcanzaron varias ediciones: la primera, editada en Madrid en 1842, a las que siguió otra, corregida y aumentada, en 1847; una tercera, editada en La Habana en 1857, y una última, costeada por el Casino Español de La Habana, de 1885, que reproduzco.










El texto que acompaña el pliego, donde no se cita al autor, práctica habitual en este tipo de impresos, es copia del que publicó Villergas en el Álbum de Momo en 1847 con el título de Glosa atroz.



©Antonio Lorenzo

martes, 30 de mayo de 2017

Testamentos burlescos: Apúnteme usted, señor escribano... [II]


Continúo con los testamentos burlescos donde se incluye la fórmula apúnteme usted, señor escribano, recogida como refrán, como integrante de algún cuento tradicional o como canción o recitado en cancioneros folklóricos recogidos por tradición oral o bien en pliegos de cordel.

En el caso de los pliegos de cordel reproduzco la parte final de uno de ellos donde se incluye el siguiente testamento que hizo la mona a su hermana. El título del pliego no parece que tenga nada tiene que ver con el testamento transcrito, en cuyo encabezamiento se dice: [Relación burlesca de un lance que sucedió en la ciudad de Toledo con un fraile de un convento que llamaban de los Padres Aceiteros por recrear a una mona en su aposento para su diversión: se refiere el chasco que vino a darle, con lo demás que verá el curioso lector]. El testamento incluido más bien parece un elemento de relleno, si bien Pilar García de Diego, en su clásico estudio El testamento en la tradición [Revista de Dialectología y Tradiciones Populares, X (1954)] lo considera "una refundición de anteriores versiones, porque el tema de legados fantásticos, que el testador reconstruye imaginativamente sobre unas pobres ruinas, es muy antiguo en la tradición".



Comentaba en la entrada anterior que la popularidad de este testamento burlesco alcanzó incluso la gran pantalla. En efecto, la famosa actriz Rita Hayworth interpretó (doblada su voz, al parecer, por Anita Ellis) un inclasificable Hermanito de mi corazón. La película Los amores de Carmen, basada en la célebre obra de Prosper Mérimée, la protagonizó junto a Glenn Ford en 1948.




































A través del siguiente enlace se puede contemplar y escuchar la interpretación de Rita Hayworth en forma de tanguillo de Cádiz.

                https://www.youtube.com/watch?v=cqW8E_HDwjM

             Hermanito de mi corazón,
             que ya tú sabrás que me estoy muriendo,
             y te “pío” y te encomiendo
             que llames a un escribano,
             también a mi primo hermano.
             Quisiera hacer testamento,
             como esos payos con fundamento,
             apúnteme usted señor escribano,
             apúnteme usted señor escribano.
             Lalalú, lalalú, lalalú, lalalú, lalalú.
             Lalalú, lalalú, lalalú, lalalú, lalalú.
             Apúnteme usted una cortina
             que por “ca” agujero cabe una vecina;
             apúnteme usted señor escribano.
             Apúnteme usted una escopeta,
             que no tiene llave, cañon ni baqueta;
             apúnteme usted señor escribano,
             apúnteme usted señor escribano.
             Lalalú, lalalú, lalalú, lalalú, lalalú.
             Lalalú, lalalú, lalalú, lalalú, lalalú.
             Apúnteme usted un olivar,
             que no se ha sembrado ni se sembrará;
             apúnteme usted señor escribano.
             Apúnteme un cuadro “rompío”
             que ya ni Dios sabe el santo que ha “sío”;
             apúnteme usted señor escribano,
             apúnteme usted señor escribano.
             Apúnteme usted señor escribano:
             cubiertos de oro,
             cubiertos de plata,
             mantones "bordaos",
             con flores de seda,
             dos copas de anís,
             dos copas de vino,
             una noble gitana
             que mucho me quiera.
             Lalalú, lalalú, lalalú, lalalú, lalalú.
             Lalalú, lalalú, lalalú, lalalú, lalalú.


También el controvertido cantante Miguel de Molina interpretó en la década del 40 del pasado siglo un llamado Testamento del gitano, que puede escucharse a través de este enlace:


                   https://www.youtube.com/watch?v=nFf0YEOG2J4

           ¡Ay! manito de mi corazón
           que ven a mi verita
           que me estoy muriendo,
           y yo te pío y te encomiendo
           que llames a un escribano
           y también a mi primo hermano,
           porque quiero hacer testamento
           como esos payos con fundamento.

           Apúnteme usted, señor escribano,
           apúnteme usted:

          ¡Ay! apúnteme usted un olivar
          que ni se ha sembrao ni se sembrará;
          apúnteme usted, señor escribano,
          apúnteme usted.

         Apúnteme usted un camisón
         que no tiene cuello, puños ni faldón;
         apúnteme usted, señor escribano,
         apúnteme usted.

         Apúnteme usted un San Lorenzo
         que se me fue el santo
         y se ha quedado el viento;
         apúnteme usted, señor escribano,
         apúnteme usted.

         ¡Ay! apúnteme usted una pistola
         que ve a los civiles y dispara sola;
         apúnteme usted, señor escribano,
         apúnteme usted.

         Apúnteme usted tres gallinas
         que son más decentes que toas mis vecinas;
         apúnteme usted, señor escribano,
         apúnteme usted.

         Apúnteme usted cinco duros
         que si me los presta me sacan de apuros;
         apúnteme usted, señor escribano,
         apúnteme usted.

        ¡Ole, tacatán tacatán!
        Tirirí tirirí tirirán tacatán,
        ¡se acabó!

La expresión formulística apúnteme usted, señor escribano traspasó fronteras y llegó a América. Prueba de ello son las diferentes versiones que han sido recogidas en distintos países, como en México y en el sur de Estados Unidos. Un ejemplo de ello es este Testamento del negro recogido en la isla de Cuba

       Apunte u’té, señor escribano,
       apunte u’té con la pluma en la mano;
       apunte u’té unos pantalones
       que no tienen ojales ni tienen botones;
       apunte u’té unos calzoncillos
       que no tienen pretina ni tienen fondillos;
       apunte u’té una camiseta
       que no tiene pechera ni tiene faldeta;
       apunte u’té unos zapatongos
       que hace quince o veinte años que no me pongo;
       apunte u’té el sillón de Agustín
       que no tiene espaldar ni tiene balancín.


El ilustre investigador asturiano Constantino Cabal, recoge en su libro Las costumbres asturianas. Su significación y sus orígenes [Talleres Voluntad, Madrid, 1925, pág. 130], la finalidad carnavalesca de este tipo de testamentos de pobres, como el que recoge del entierro de la sardina.
     
 -Pa'l entierro de la sardina,
       que murió de golosina...

       Para don José Menéndez
       un peral que dé figos
       y un figal que dé peres.

 El coro comenta así:

     -Apúntelo usté, señor escribano:
      apúntelo usté con la pluma en la mano,
      tintero y papel.

Y el llorón, con la boca o la "turulla":

      -U-u-u-uh...!

En seguida nueva manda:

       Para don Pedro Montoya
       un tiro de tres caballos
       que por todas las pendientes
       vayan desbocados...!

Y el coro, con tono fúnebre: 

       -Apúntelo usté, señor escribano:
       apúntelo usté con la pluma en la mano,
       tintero y papel.

Y el de la "turulla":

      -U-u-u-uh...!

Rastreando por algunos cancioneros folklóricos reproduzco dos ejemplos más sobre este tipo de testamentos.

El primero de ellos recoge una versión de Herrera del Duque (Badajoz) incluida por Bonifacio Gil en su Cancionero popular de Extremadura, Tomo II, [Badajoz, Excma. Diputación, 1956, nº 150, pág. 81.]



           Madre, que m’ ehtoy muriendo, 
           que venga el notario a hacer tehtamento. 
           Vaya uhté apuntando, 
           señor ehcribano, 
           vaya uhté apuntando 
           con la pluma en la mano. 
           Apunteme uhté un olivá(r) 
           que no se ha plantado ni se plantará. 
           Apunteme uhté una butaca 
           que no tiene asiento ni ehpalda ni pata(s). 
           Apunteme uhté un catre de acero, 
           le faltan lah patas y el barrón de en medio... 
           Apúnteme uhté un colchón, 
           por cada agujero le cabe un melón... 
           Apúnteme una sabaniya 
           que no l’han quedado máh que las oriya(s)... 
           Apúnteme uhté un cobertó(r), 
           que cuando me arropo me arrizo del tó... 
           Apúnteme uhté un almiré(z), 
           que por cá abujero le cabe una nue(z)... 
           Apunteme uhté un crucifijo, 
           que ni Dioh conoce el Santo que ha sido...


El segundo, procede del Cancionero popular de la provincia de Santander, de Sixto Córdova y Oña [Libro III, Artes Gráficas Aldus, Santander, 1952, nº 173, pág. 188].



                 Cuando el señor Domingo se fue al hospital,
                 al señor escribano mandólo llamar.
                 Bien, bien, bien.
                 Luego que hubo llegado, mandólo sentar,
                 y de aquesta manera comenzólo a hablar.
                 Bien, bien, bien.


                 Apúntelo usted, bien, señor escribano, bien,

                 que dejo a mi hermano, bien,
                 unos pantalones, bien,
                 que no tienen tela,
                 forro ni botones.


                 Apúntelo usted, señor escribano,

                 apúntelo usted,
                 con la pluma en la mano,
                 tintero y papel.
                 ¡Bien, bien, bien!


                 Apúntelo usted, bien,

                 que dejo a "fulano", bien,
                 unos zapatos, bien,
                 que por cada boca
                 se ríen del amo.
                 Apúntelo usted...


                 Apúntelo usted

                 que dejo a "Joaquina"
                 una mantillina,
                 cosa muy extraña,
                 que es toda tejida
                 con tela de araña.


                Apúntelo usted

                que dejo a "Fulana"
                seis sacos de harina,
                los tres boca abajo
                y tres fondo arriba.


                Apúntelo usted

                que dejo a mi primo
                un gorro de copa
                que era de mi abuelo
                cuando fue de tropa.


                Apúntelo usted

                que dejo a mis hijos
                un melonar
                que no se ha sembrado
                ni se sembrará.
©Antonio Lorenzo
     

miércoles, 24 de mayo de 2017

Testamentos burlescos: Apúnteme usted, señor escribano... [I]


Los testamentos burlescos recogen una antigua tradición de corte carnavalesco y de claro sentido paródico. La tradición de los disparates, en su relación con los testamentos en la tradición folklórica, tanto oral como escrita, es muy abundante. Dentro de los testamentos, a los que ya he dedicado algunas entradas referentes a los de animales recogidos en pliegos de cordel, quiero circunscribirme en esta ocasión a una modalidad de testamentos burlescos, como los que recogen versos de inventarios de bienes ciertamente ridículos. La tradición de los mismos es antigua, pues de los testamentos en general ya conocemos antecedentes literarios en los cancioneros de los siglos XV y XVI, e insertos en entremeses y comedias del Siglo de Oro, y propagados y recogidos incluso en nuestros días, lo que engarza con una tradición secular.

En los testamentos poéticos, en general, confluyen variadas tradiciones y en ellos podemos observar diferentes modalidades o aspectos. En un sentido amplio podemos considerar bajo el rótulo de testamentos poéticos:

1. Los testamentos de animales, donde legan partes de su cuerpo a distintos destinatarios (testamentos de la zorra, asno, gallo, etc.)
2. Los testamentos de personas reales, donde se aprecia una clara intención doctrinal o moral.
3. Los testamentos de personajes ficticios, de clara intención satírica y humorística.
4. Los "testamentos de amores", donde predomina el carácter amoroso y sentimental, alejados de la comicidad. Son conocidos por su mayor presencia en los cancioneros de los siglos XV y XVI (Cancionero de Baena, Cancionero de palacio, Cancionero de Estúñiga o en el Cancionero General de Hernando del Castillo.
5. Los testamentos propiamente burlescos (en sus distintas variedades) entendidos como un subgénero de los disparates, por el uso del sinsentido, la parodia y la incoherencia como ejes organizadores del discurso bajo la apariencia de una normalidad lingüística.
Dentro de los testamentos burlescos podrían establecerse algunas modalidades, como los que describen humorísticamente el inventario estrafalario y caótico de ajuares de boda o inverosímiles dotes. Si rastreamos por los cancioneros folklóricos podemos encontrar parecido sentido humorístico en cuartetas sueltas que entroncan con esa tradición secular.

Son numerosas las muestras que podíamos traer a colación, pero me voy a detener en aquellos testamentos que suelen incluir la fórmula Apúnteme usted, señor escribano, fórmula muy repetida en recitados y cantares populares de la tradición panhispánica, como iremos viendo.

El escribano, actual notario, era el encargado de recoger por escrito las últimas voluntades de la persona que veía próxima su muerte, quien recogía las disposiciones testamentarias en las llamadas mandas, llamadas así porque cada párrafo comenzaba con la fórmula legal Ítem mando.

Esta fórmula del apúnteme usted, se ha empleado no sólo como ejemplo de testamentos de inventarios pobres en canciones, sino también en refranes e, incluso, en algún cuento tradicional. 

Un antecedente literario del Siglo de Oro

Entre los ejemplos de testamento burlesco que podríamos citar he elegido uno de ellos donde se aprecia claramente el sentido paródico del mismo.

Francisco Bernardo de Quirós (1594-1668), dramaturgo poco conocido, escribió la comedia burlesca El hermano de su hermana (Madrid, 1656). Se trata de una parodia donde se mantienen los nombres de los personajes épicos, pero con un sentido cómico-burlesco, práctica frecuente en las comedias burlescas donde se ridiculiza a grandes personajes. Traspone los escenarios, se desmitifican los hechos y se ridiculiza a los personajes históricos. Teniendo en cuenta este marco, es el Cid quien lee el testamento de don Sancho
                           A mi hermana doña Urraca
                           doy, por miedo del sereno,
                           un quitasol que no es bueno
                           sino para hacer la caca;
                           unas botas de camino
                           sin capelladas ni cañas;
                           un pavés con telarañas
                           que fue del Architiclino,
                           un caballo regalado
                           que de Peranzules fue,
                           que no sabe andar a pie
                           si no es por un estrado. (vv.1160-71)
Esta visión paródica de personajes históricos nos presentan al rey y al Cid discutiendo sobre morcillas, buñuelos o rábanos; los moros se nos presentan como excelentes cristianos y se parodian los conocidos romances del Cerco de Zamora  ridiculizando a sus personajes en un intento de inversión, propio del carnaval, utilizando el modelo del "mundo al revés".

En esta primera entrada reproduzco un pliego donde se recoge una muestra del tipo de testamento que nos ocupa. Tras el pliego, y aunque la cita es larga, me ha parecido oportuno por lo que aporta, el copiar lo publicado sobre el "ciego de profesión" aparecido en El Panorama, periódico literario que se publica todos los jueves (Segunda época), Madrid, Imprenta de I. Sancha, 1839.

El pliego recoge, aparte de las "cuatro clases de mugeres que hay en Madrid" el chistoso testamento del hermano a su hermana, reimpreso en Barcelona en 1854.





La popularidad del tema con la fórmula inicial del apúnteme usted llegó incluso a ser interpretado (eso sí, en un español infame) por la actriz Rita Hayworth en la película Los amores de Carmen, que protagonizó junto a Glenn Ford en 1948. También lo encontramos interpretado por Miguel de Molina con el título de Testamento de un gitano, pero de ello informaré en otra entrada.

El ciego de profesión, según el periódico literario "El Panorama" (año 1839)

Hay ciegos de nacimiento: los hay de resultas de enfermedades que les han privado de la vista; los hay finalmente de oficio. De estos hablo, advirtiendo que los ciegos de oficio no necesitan ser ciegos para llamarse tales, si bien muchos lo son.
   El ciego de profesión es un jénero (sic), y todas sus especies de ocupan del entretenimiento o diversión de los que se jactan de tener vista, aunque hasta ahora está por averiguar si es el que ve quien entretiene y divierte al ciego, o este al que le oye o le compra gacetas y romances.
   Preséntase en primer término el ciego de la gaita, con su ancho y sucio morral, su capa taraseada de azul y verde, sus polainas polvorosas, un garrote ferrado y tobusto, un sombrero a lo patrón de España, Bragas y chaqueta de paño que ha sido pardo y ya suele ser rubio; y en cuanto a camisa... dicen sus declinaciones: vocativo caret. Pulsa, mal he dicho, agovia (sic) bajo las encallecidas yemas de los dedos de la mano izquierda el inharmónico y cerdoso instrumento. Empuña con la derecha la tremebunda clava, y entre el dedo del corazón y el inmediato sujeta con una lazada la mugrienta cuerda que va a parar al collar del pequeñp gosque. Síguele a muy corta distancia mofletudo y dsevergonzado rapaz, traza aproximadamente igual a la del protagonista, fuera de la capa: llámase lazarillo. Sujeta sus pulgares lazada rústica en que se ensartan las enormes castañuelas que repica de cuando en cuando, y que son como el zimbel para cazar papamoscas de calle y de balcón, de taberna y de tienda de curioso guantero, de casa modesta y de elegante palacio; porque los papamoscas abundan en todas partes. El ciego de la gaita es perezoso: levántase a las nueve en verano y a las diez en invierno: discurre de plaza en plaza, desde el Saladero al Rastro, y atraviesa en todos sentidos la población, pescando aquí un mendrugo, allá un ochavo, y más allá un encontron con perro, lazarillo y todo, y repitiendo el famoso testamento, cuyo estrivillo (sic) es
                                                    Apúnteme usted,
                                                  Señor escribano.
 El muchacho se come la parte más suculenta de las vituallas del Belisario filarmónico; y parado delante de cualquier balcón en que ve una mujer, aunque sea de sesenta, exclama puesto en jarras:
                                          Cara de santa Rita
                                          Que...! (Punto y aparte.)
A las dos de la tarde ya está el ciego de gaita en la ribera del apacible Manzanares. Aquel es, por excelencia, su terreno! Allí apura todos los recursos de su garganta, deshaciéndose en gorjeos que si son broncos, no dejan sin embargo de ser gorjeos! Allí es ver como ajitado (sic) por el astro divino de los Homeros de su estofa, improvisa variantes a cual más epigramática, instructiva o chusca a la oración de Ánimas, al responso de san Antonio, a las coplas de Calaínos, y al romance del famoso Lonjinos! Y qué si embozado en la remendada pañosa, y teniendo debajo el acólito, proporciona al auditorio tres o cuatro escenas del siempre divertido, siempre travieso Juan de las Viñas! Las lavanderas con patente suspenden sus labores: las lavanderas por extraordinario abandonan la banca: los mozos del lavadero acorren con tanta boca abierta: los pillos transeúntes se acercan igualmente al corro mientras algunos de sus cofrades, aprovechando la jeneral (sic) distracción, descuelgan tal cual camisa, o tal cual sábana que no estaba muy segura, y la ponen a buen recaudo. El ciego de la gaita triunfa en aquel momento: su voz suena para aquellas jentes (sic) muy más agradable que la de un tribuno en el foro romano: el lazarillo brinca en los entreactos, loquea y vomita desvergüenzas de a folio; y de trecho en trecho, y de corro en corro, tomando aquí un torrezno y allá un vaso de vino cristiano (porque no se consienten moros en las afueras) ganan amo y mozo, contentos y roncos, borrachos y cansados, la puerta de Segovia."
El autor de este verdadero cuadro de costumbres es Agustín Azcona, actor y autor de obras dramáticas y zarzuelas y de una inacabada Historia de Madrid desde sus tiempos más antiguos hasta nuestros días, obra de la que solo se publicó la primera parte en 1843, debido a una enfermedad que le fue dejando ciego.
©Antonio Lorenzo

martes, 16 de mayo de 2017

El temerario viaje en globo de Lunardi por el cielo madrileño en 1792 y 1793 (II)

Lunardi pierde uno de los remos en el ascenso
El primer viaje en globo del capitán Lunardi por los cielos madrileños se efectuó el día 12 de agosto de 1792 saliendo de los Jardines del Buen Retiro y acabando en el pueblo de Daganzo, como hemos visto en una entrada anterior.

La expectación causada por este primer viaje fue tal, que no me resisto a copiar parte de lo publicado unos días antes en el Diario de Madrid, sobre las advertencias a tener en cuenta para asistir a tan magno acontecimiento:
1. los expectadores (sic) que vayan en coche se podrán apear en la puerta de la 'Glorieta', frente al Pósito, y en la principal llamada de 'Aparicio'. que está en el patio del juego de Pelota; y por ellas podrán entrar los Volantes y gente de Librea (sin jaquetilla), que vayan son los coches y lleven Boletines.
2. Los que vayan a pie de Militar, en cuerpo, con capa, y mugeres (sic) con mantilla o sin ella, entrarán por la puerta llamada de 'Pobar' y todos saldrán por las mismas puertas que han entrado, para evitar las contingencias y recíprocas incomodidades de las gentes de a pie con las de los coches.
3. Al entrar las mugeres (sic) con mantilla, se baxarán (sic) ésta de la cabeza, y los hombres con capa se quitarán el embozo.
4. No pasarán los que lleven Boletines de peseta o entrada, sin que entreguen estos a los Recogedores, que estarán dentro de las puertas, y los que lleven Boletines de asiento, se los mostrarán para que no detengan el paso dichos Recogedores, y lo mismo harán al introducirse por las Vallas; pero no los entregarán hasta que estén sentados, y vayan otros comisionados a recogerlos.
5. Se sentarán indistintamente conforme vayan llegando, según la clase correspondiente al Boletín, en los asientos desocupados, y podrán llevar Quitasol, que recogerán a la hora de volar el Globo...., etc.
 Precios (en reales):
Primeras sillas, por más inmediatas.....................................24
Idem, segundas sobre el Parterre..........................................20
Asiento de bancos situados en varios parages (sic)..............16
Boletines de entrada para los que han de estar en pie...........4
A los pocos meses de esta primera exhibición aérea, en enero de 1793, los propios reyes, Carlos IV y María Luisa de Parma, junto al primer ministro Godoy, pudieron disfrutar también de un viaje aerostático de Lunardi, que se elevó al cielo madrileño junto al Palacio Real con el objetivo de recaudar fondos para los Reales Hospitales; en este caso, el viaje duró dos horas y concluyó en las proximidades de Pozuelo. Este segundo viaje no estuvo exento de dificultades, pues debido al frío de la noche y a los cambios de dirección del viento, hasta los propios monarcas tuvieron que desplazarse, recién ascendido el globo, para poder observarlo desde otras posiciones, según se recoge en el Diario de Madrid del 10 de enero de 1793, donde se da también noticia de un tercer vuelo que acabó cerca de la "Villa de Horcaxo, Provincia de La Mancha".


Anteriormente a las experiencias protagonizadas por el intrépido Lunardi en el cielo de Madrid, contamos con unos excelentes cuadros de Antonio Carnicero, quien fuera pintor de la corte de Carlos IV. En el primero se recoge el acontecimiento de 1783 donde los entonces príncipes de Asturias, futuros Carlos IV y María Luisa de Parma, presenciaron el el Real Sitio de San Lorenzo de El Escorial, la experiencia de elevación de un globo por el francés Pilâtre de Rozier desde una plataforma poligonal. El cuadro recoge la presencia de la princesa junto a sus damas, que se encuentran sentadas sobre una alfombra y cobijadas bajo una sombrilla, mientras el futuro Carlos IV se encuentra de pie. La composición del cuadro refleja un verdadero cuadro de costumbres, pues entre los espectadores, que se hallan en círculo y a una cierta distancia, se puede apreciar el colorido de la indumentaria de los majos y majas, vendedores ambulantes, monjes y mendigos.

Antonio Carnicero - Elevación aerostática (Museo de Bellas Artes de Bilbao)
Añado otro excelente cuadro, también de Antonio Carnicero, donde se recoge la ascensión del francés Bouclé sobrevolando los jardines del Real Sitio de Aranjuez el 5 de junio de 1784. Esta hazaña aerostática parece ser que acabó de modo accidentado, puesto que el arriesgado aeronauta acabó herido al no poder controlar debidamente su descenso. Como en el lienzo anterior se recoge en el mismo una variedad de tipos pertenecientes al estamento privilegiado junto a gentes de variada clase y condición.

Antonio Carnicero - Ascensión de un globo Montgolfier en Aranjuez (Museo del Prado)
Volviendo de nuevo a Lunardi, este siguió desarrollando vuelos, como el efectuado el día 8 de enero de 1793 (como recoge la magnífica estampa y el pliego reproducido).

El 3 de mayo de 1793 volvió a elevarse de nuevo desde los Jardines del Buen Retiro hasta descender en las inmediaciones de Vicálvaro.


Entrados ya en el siglo XIX, el día 5 de noviembre de1802, con motivo del viaje de los reyes a Barcelona, La Gaceta de Madrid, del 16 de noviembre del mismo se hacía eco de la noticia de la última exhibición de Lunardi y de su accidentado descenso.
"Hizo un viaje aerostático elevándose en un globo de seda de bastante magnitud en cuya construcción se emplearon 1.200 varas... Mudó el viento Norte y le fue preciso a Lunardi practicar maniobras para bajar y no obstante su experiencia, fue a parar 200 toesas mar adentro, pero como la barquilla era de corcho, pudo acercarse a la playa".
Tras esa ascensión el italiano cayó al mar donde fue recogido por unos marineros, que ya estaban advertidos de lo que podía suceder, tal y como recoge la estampa.



En el 1967, cumpliéndose el 165 aniversario de la ascensión de Lunardi por el cielo barcelonés, se recogió su experiencia en sellos de correos y en estampillas para envíos postales.


Estos primeros inicios de la aeronáutica en España estaban concebidos, más que con pretensiones científicas, como espectáculo y entretenimiento por la incertidumbre del desenlace, a caballo entre lo cómico y lo inesperado, o ante un no descartable accidente. Estas experiencias, que proliferaron por diversos países de Europa, alimentaron seguramente el interés del gran escritor Julio Verne sirviéndole de inspiración para su célebre libro Cinco semanas en globo (1863).


Estas célebres ascensiones del capitán Lunardi, efectuadas en Inglaterra años antes de sus ascensiones madrileñas, tuvieron una gran acogida viéndose recogida en la moda de damas y caballeros donde se incluyen elementos con motivos aerostáticos, así como en en estampas y cuadros, como el que reproduzco a continuación, donde se ve a un joven y apuesto Lunardi agitando su sombrero, acompañado de su asistente y de la famosa actriz y modelo Letitia Anne Sage, en una retocadísima e inverosímil escena de una ascensión en Londres en 1785.

John-Francis Rigaud - Los tres viajeros aéreos favoritos (ca. 1785)
Para acabar esta breve relación sobre los inicios de la aerostación en España concluyo con la segunda parte del pliego donde se exalta la ascensión del día 8 de enero de 1793 del intrépido capitán italiano.









©Antonio Lorenzo