domingo, 21 de febrero de 2016

Santas que fueron prostitutas: Santa María Egipciaca (y IV)

Mural con la vida de María Egipciaca en el Monasterio de San Salvador de Oña (Burgos)

Si en la entrada anterior comentaba la reescritura y adaptación de la vida de santa María Egipciaca en las comedias del Siglo de Oro y en las 'relaciones de comedia' recogida en los pliegos de cordel, me propongo dar una 'vuelta de tuerca' más sobre su repercusión en un curioso pliego.

El pliego en cuestión recoge, a grandes rasgos, los conocidos motivos de la leyenda de la Egipciaca, pero los sitúa, nada menos, que en plena Sierra Morena. Pero antes de dar paso al pliego quiero contextualizarlo y ofrecer algunos datos que considero de interés.

El escenario donde transcurre la acción se sitúa en la 'Montaña de los Ángeles', lugar de retiro conventual de los religiosos Franciscos. Pues bien, dicho convento tiene una larga y sorprendente historia, desde su fundación en el 1490, hasta el estado ruinoso y de abandono en que se encuentra en la actualidad, tras la crisis sufrida a causa de la desamortización eclesiástica de Mendizábal en el siglo XIX (1835-1836) y por las actuaciones de sus posteriores propietarios.

Ubicado en la parte occidental sobre una de las muchas montañas del Parque Natural de la sierra cordobesa de Hornachuelos, formando parte del macizo de Sierra Morena, los restos del que fuera Convento de los Ángeles se asoman al precipicio formado por el río Bembézar, afluente del Guadalquivir. La historia del que fuera ilustre convento, junto a su leyenda, atrae en la actualidad a excursionistas ávidos de encontrar entre sus ruinosos muros sucesos y elementos paranormales que satisfagan su curiosidad. Hasta un célebre programa radiofónico y televisivo se trasladó a dicho convento para pasar una noche recopilando insólitos fenómenos y extrañas presencias inexplicables.

De la construcción original del edificio no se conserva nada, ya que sufrió tres incendios (1498, 1543 y 1665). Durante el siglo XVIII se reconstruyó la iglesia (según reza en la inscripción grabada en 1763) y tras la desamortización de Mendizábal el estado lo vendió, junto con la huerta, a Agustín Díaz y Armero en 1845, quien a su vez lo vendió a los marqueses de Peñaflor en 1884. Estos últimos lo emplearon como residencia de verano, quinta de recreo y pabellón de caza. La marquesa viuda de Peñaflor donó en 1955 el edificio de su propiedad al obispado de Córdoba para que fuera dedicado a seminario. El seminario se abrió, en efecto, en 1957 realizándose diversas ampliaciones. Tras el traslado en 1971 de los seminaristas al seminario de san Pelagio en la ciudad de Córdoba, el edificio quedó abandonado desde entonces hasta la actualidad.















Para situar convenientemente la historia de la mujer pecadora que habitó estos lugares, creo necesario repasar sus antecedentes. Para ello, me declaro deudor de la magnífica y documentada investigación recogida en el libro La Montaña de los Ángeles. Monografía histórico-crítica, libro que publicó Alejandro Guichot y Sierra (1859-1941) en Sevilla en 1896. Al ilustre folklorista y etnógrafo sevillano le debemos también el mejor intento en su época de sistematizar los estudios folklóricos en su Noticia histórica del folklore (1922).


















 Desarrollo de la leyenda de la mujer penitente

El patrón-modelo de la leyenda de la mujer penitente se forja en el siglo XVI por los propios frailes franciscanos con el fin de de dar notoriedad al convento. Hagamos un ligero repaso de las noticias recogidas en diferentes momentos:

1. El primer documento donde se recoge la leyenda se lo debemos al P. Francisco Gonzaga, general de la Orden. Roma, 1587, quien en su Historia generalis ordinis Seraphicoe Reguloe Franciscanoe, describe el encuentro del sacerdote Assilles con la penitente desnuda.


2. Un segundo documento es el Memorial de las cosas que le tocan á el santissimo y religiossissimo Convento de Ntra. Sra. de los Ángeles, etc. (1646). En este Memorial anónimo y manuscrito del convento (estudiado y consultado por Guichot) se detalla la vida de algunos de los religiosos y se añaden datos de la penitente que no figuraban en lo consignado por Gonzaga:


3. Fr. Andrés de Guadalupe, en su Historia de la Santa Provincia de los Ángeles, Madrid, 1662, recoge noticias desde la fundación del convento en el 1490 hasta el año 1660. Es esta la fuente más conocida y sobre la que han girado las diversas adaptaciones de la pecadora arrepentida.

Hagamos un sucinto desarrollo de la historia: Guadalupe escribe que la penitente ocultó su nombre y edad con el fin de mantener su anonimato. Dice que debió nacer el año 1465, que se crió sin madre y que tuvo una niñez regalada. Con los años se entregó a devaneos y liviandades rodeada de amantes y regalos. Cuando contaba unos treinta años de edad, cundió la noticia de la visita de los Reyes Católicos al santuario (año de 1494). Aprovechó la ocasión y se unió a los expedicionarios visitando el convento, lo que le produjo honda impresión. Tocada con la gracia divina, determinó recuperar la virtud. Postrada ante un crucifijo oyó una voz celestial que le dijo que hallaría en la soledad el remedio que buscaba. Pidió auxilio espiritual a uno de los religiosos, hizo confesión general, quedó confortada y emprendió el regreso a la ciudad.

Transcurrido un año y aprovechando la oscuridad de la noche (estamos ya en 1495), tomó el camino de la montaña con un crucifijo de bronce. En la entrada a los valles cambió sus vestidos con el de una mujer que lavaba en el río, internándose en la montaña donde nadie la viera, hasta que encontró una cueva en la que dio principio a su vida penitente. Venciendo toda clase de dificultades se mantuvo durante diez largos años. Ya en su cuarentena fue cuando se produjo el encuentro con el Padre Siles, quien le dejó su manto para cubrir su desnudez y la confortó espiritualmente administrándole la comunión. 



Tras cuatro años de encuentros furtivos y con la ayuda de otros dos religiosos a quienes el padre Siles les contó la historia haciéndoles partícipes de su secreto, a la penitente le sobrevino una enfermedad (estamos ya en 1509) lo que le impidió salir de la cueva. Tras administrarle el viático, una voz divina anunció al día siguiente su tránsito al cielo. 

Contada la historia de la pecadora, que era ignorada hasta entonces por la Comunidad, los religiosos se dirigieron a la cueva y recogieron su cuerpo. En su regreso al convento, acompañándose de cánticos, tocó la campana sola, lo que interpretaron como una manifestación religiosa, y procedieron a enterrar su cuerpo, envuelto en el manto del Padre Siles, en la cavidad de una roca, quedando el crucifijo como testigo y símbolo de tan extraordinaria historia de la mujer penitente que habitó en la montaña durante 14 años, falleciendo en 1509 a los 44 años de edad.

Todo esto es lo que se encuentra pormenorizadamente descrito en la obra del padre Guadalupe. Obviamente, se trata de la adaptación de la leyenda de la vida de santa María Egipciaca inserta en un escenario proclive a aumentar el prestigio del Convento de los Ángeles. Tanto las fechas como la visita de los Reyes Católicos son pura invención, al igual que las contradictorias escenas recogidas en los otros escritos, como su enterramiento y su encuentro con el religioso resultan claramente fabulosas.

Guadalupe describe también, y este dato resulta fundamental para el mantenimiento del prestigio del convento de Ntra. Sra. de los Ángeles, que la Reina Católica, por el singular amor que tenía a Juan de la Puebla, quien fuera fundador del convento, decidió otorgar al monasterio una serie de privilegios recogidos en una cédula real dada en Sevilla el 28 de marzo de 1494. En ella se dice:

'Queremos, y es nuestra voluntad, dese este presente dia, mes, y año en adelante, para siempre jamás, hazer merced al dicho Convento e Orden de S. Francisco, de todas las partes, e montañas, que ay yendo de Hornachuelos, luego se mira al Conuento por todo el rio arriba, hasta la buelta, que haze con todos sus valles, é aguas vertientes por vna y otra parte del rio; para el dicho Padre Fray Juan de la Puebla, é los Frayles los ayan; bien assi, como su profession, y la estrecha pobreza de su estado lo permite...'.

La cédula recoge también la prohibición de la presencia de ganado en esos montes: 'nunca ande algún ganado vacuno, cabruno, ni otro alguno'. Se prohíbe también pescar en el río en todo tiempo bajo pena de 'veinte mil marauedis', así como la prohibición de talar o cortar árboles en dicho monte y términos.

La falsedad del documento ha sido demostrada por Guichot, puesto que los Reyes Católicos, en la fecha que figura en la cédula de donación que dieron en Sevilla estaban en Medina del Campo y no pisaron Andalucía en todo el año 1494. Tampoco queda constancia de ella, pues el padre Guadalupe se ampara en los incendios del convento (el primero en 1498) para que no quedase constancia ni rastro de los privilegios otorgados y diese por buena la copia inventada y refundida por los frailes antes de la visita que realizó Felipe II en 1570, donde ratificó la cédula en su buena fe y dio por buenas las mercedes anteriores. Tan complacido salió de la visita que los panegiristas dicen que el monarca se expresó diciendo que 'el monasterio de Montserrat era la caja y el de Los Ángeles la perla'. Los acuerdos fueron  de nuevo ratificados y corroborados posteriormente por Felipe IV en 1638.

Otros documentos que recogen la historia de la mujer penitente basados en su mayor parte en los escritos anteriores son:

4. Fernando Pedrique del Monte: La Montaña de los Ángeles, Córdoba, 1674. Incluye 'una loa de la soledad y un coloquio de la muger famosa'. Guichot no llegó a conocer esta impresión, pues la sitúa a comienzos del siglo XIX en lo que ya serían posteriores reediciones de la obra.


5. P. Juan Tirado: Epítome historial de la vida admirable de Fray Juan de la Puebla, Madrid, 1724.


















El resto de escritos y papeles sueltos que se conocen son de escasa o nula significación en orden a la leyenda de la penitente.

Llegados a este punto cabe preguntarse: ¿Qué pretendían conseguir los frailes mediante estos privilegios? De una parte, asegurarse y acreditar las propiedades y dominios del convento 'para siempre jamás' y prevenir la pesca en el río, así como la tala de árboles para abastecerse de leña  e impedir el pastoreo de todo tipo de animales por sus laderas. De otra parte, y aprovechando la autoridad que ejercía la letra escrita, aumentar y fortalecer los intereses piadosos para atraer hacia el convento a un público incondicional y reforzar un cierto 'patriotismo' de singularidad frente a otros monasterios.

Reproduzco el pliego editado en Córdoba que sigue fielmente la narración del Padre Guadalupe. Está editado en Córdoba, sin año, en la imprenta de Luis de Ramos y Coria, cuya actividad impresora sabemos que comprende entre los años 1790 y 1823.






Adjunto otra portada de la mujer penitente, pliego editado también en Córdoba, en la oficina de Juan Rodríguez de la Torre, cuya actividad se sitúa entre 1768 y 1810; impresor al que el rey Carlos IV otorgó a su imprenta el 3 de abril de 1799, mediante cédula de concesión, el título de Real y el derecho a que pusiera sobre la puerta el escudo de las armas reales.



La leyenda en la literatura

El Duque de Rivas (Ángel de Saavedra) (1791-1865) en su célebre drama romántico Don Álvaro o la fuerza del sino, estrenado en el teatro del Príncipe en Madrid en 1835, sitúa precisamente varias escenas en la Montaña de los Ángeles. Sin duda era conocedor de la leyenda de la mujer penitente, puse no en vano era cordobés y propietario en su día de la finca 'La Jarilla' en el término de Hornachuleos. Tal fue el éxito de la obra que traspasó nuestras fronteras y hasta el gran compositor romántico Giuseppe Verdi se inspiró en ella para crear su opera La forza del destino (1862).

El nombre de María Egipciaca rememora también a una célebre obra de teatro de José Martín Recuerda (1922-2007): Las arrecogías del Beaterio de Santa María Egipciaca (1970), prohibida por la censura hasta el año 1977 donde se estrenó con gran éxito en los inicios del régimen democrático. En dicha obra se recreaba la vida de la activista liberal Mariana Pineda, acusada de prostitución y 'arrecogía' en Granada, en el primer tercio del siglo XIX, en el marco de los enfrentamientos entre los liberales y absolutistas durante el reinado de Fernando VII. Nada más propio que otorgar el nombre de la santa arrepentida a una de estas instituciones llamadas 'Casas de Recogidas', 'Casas de Amparadas', 'Casas de Arrepentidas', 'Asilos de la virtud', 'Casas de mozas y doncellas', o con el nombre más genérico de 'Colegios' o 'Beaterios'.

Estas 'Casas de recogidas' fueron instituciones de enmienda y castigo para las mujeres de vida disoluta creadas por la Iglesia católica y por la corona desde el siglo XVI hasta mediados del siglo XIX. La idea del 'recogimiento' como forma de vida fue expuesta teóricamente por el franciscano Francisco de Osuna, quien entre los años 1527-1532 lo recoge en su libro Tercer abecedario espiritual. A partir del Concilio de Trento esta 'forma de estar en el mundo', preconizada por el franciscano, se institucionaliza en forma de Casas de recogidas.

Estampa de la santa venerada en iglesia de las Arrepentidas de Madrid

Dirck van Baburen (ca. 1595-1624), Loose Company, 1623
Estos lugares estaban destinados a acoger a aquellas mujeres, ya fueran  solteras o que habían llevado una vida disoluta, para que el ambiente y el espacio de protección de estas casas sirviera como lugar de transición o de paso hasta que retomaran la decisión adecuada para encauzar el rumbo perdido.


En estos recintos se pretendía redimir a aquellas mujeres consideradas transgresoras bajo la idea del 'recogimiento'. Se trataba, en definitiva, de la institucionalización de un control social para garantizar el 'equilibrio' considerado como el socialmente correcto. Si bien, hay que hacer notar que en la práctica sirvió también para tapar determinados escándalos o para evitar relaciones indeseadas de las hijas de familias influyentes.

Zósimo da la comunión a María
Convento de Capuchinos en Alcalá de Henares


Coda final

Hemos visto cómo la vida de la legendaria santa de Alejandría se ha conservado, reinterpretada, reescrita y readaptada tanto por el teatro como por los pliegos de cordel.

La leyenda de la santa pecadora, en suma, sigue manteniéndose, si bien de forma descontextualizada, en algunas localidades. En el pueblo de Luciana (Ciudad Real) se celebra cada dos de abril una romería que recoge una leyenda, muy extendida en otros lugares, sobre la rivalidad entre pueblos próximos por la apropiación de una imagen. En este caso, la rivalidad entre Luciana y el pueblo próximo de Abenójar sobre la posesión de la imagen de María Egipciaca, desaparecida y encontrada milagrosamente en Luciana, se conmemora mediante una procesión y romería. Tras la misa de rigor, se traslada la imagen de la santa desde la parroquia hasta un área recreativa, junto a los ríos Guadiana y Bullaque, donde los asistentes deben arrojar a una especie de recipiente o fuente milagrosa, llamada 'mortero', piedrecitas del río para que se le cumplan sus deseos...

Antonio Lorenzo

jueves, 11 de febrero de 2016

Santas que fueron prostitutas: Santa María Egipciaca (III)

Xilografía ilustrativa de Mª Egipciaca en un  Flos Sanctorum de 1558
En las dos entradas anteriores dedicadas a la figura de santa María Egipciaca comentaba la supervivencia de la leyenda, tanto en el teatro del Siglo de Oro como a través de los efímeros pliegos de cordel.

Anónimo. Libro de Horas francés (ca. 1480)
Su pervivencia a lo largo de los siglos puede justificarse por la adecuada combinación de sus elementos. Aunque nacida en ambientes clericales donde se advertía del poder tentador de la mujer y lo difícil que era llevar una vida de celibato, no pudieron sustraerse a lo atractivo del personaje, capaz de robar el libre albedrío y la voluntad al hombre más sensato. Las amplificadas descripciones de su belleza junto a lo detallado de su vida lujuriosa, ejercieron, sin duda, una fascinación indisimulada como contrapunto a una vida ascética y contemplativa. Aunque la intención originaria fuese la de ofrecer una justificación de corte clerical como modelo de vida: pecado-arrepentimiento-santidad, se trata, en definitiva, de un relato de aventuras propio de una tradición profana. Lo sugestivo del contraste entre el pecado y la santidad, entre lo mundano y lo modélico nunca dejó de ser un atractivo foco de atención para el público.

Las dos vías fundamentales de aproximación a las penitentes pecadoras provienen de los llamados Flos sanctorum (santorales compilados, reelaborados o reescritos a partir de la Leyenda áurea de Jacobo de la Vorágine en el siglo XIII, o entresacados de fuentes cultas).

La llamada Comedia de santos o 'hagiográfica', es un género dramático que alcanza su plenitud en el Siglo de Oro, cuyo objeto es la representación de la vida real o legendaria de un determinado santo. Dentro de esta tradición puede hablarse de diversos subgéneros, como el de las 'santas pecadoras', cuyo inicial propósito edificante y moralizador, nacido al amparo y con el benepácito de la iglesia, acabó adoptando una serie de características impropias al competir con el teatro profano en los corrales de comedias.

 Sus fuentes de inspiración más conocidas son los Flos sanctorum, de Alonso de Villegas (1ª edición de 1578) y el de Pedro de Rivadeneyra (1ª edición de 1599), por ser los más reeditados. Estas comedias impulsaron los recursos escénicos y las tramoyas efectistas al incluir a personajes como los ángeles o demonios que fomentaron su desarrollo.


















El teatro religioso no sólo se representaba en ambientes eclesiásticos, sino también en recintos profanos. Si en un principio tuvieron como clara finalidad una intención piadosa y edificante, los dramaturgos pronto se dieron cuenta de que las vidas de los santos contenían ingredientes de aventura que podían conectar muy bien con un público más amplio y heterogéneo, para disgusto y recelo de los moralistas del siglo XVII.

El teatro religioso, como vehículo moralizador y amparado en un principio por la iglesia contrarreformista, fue poco a poco conquistando los corrales de comedias donde el público acudía a divertirse y acabó compitiendo cada vez más con el teatro profano. La combinación de la leyenda piadosa con la historia, la aventura, y enriqueciendo o añadiendo episodios profanos sirvieron de estímulo a los más importantes dramaturgos: Lope, Tirso, Calderón o Guillén de Castro, entre otros.

Dentro de esta tradición barroca, la vida de María de Egipto fue inspiradora de varias comedias. Una de ellas es la escrita por el capellán Andrés Antonio Sánchez de Villamayor con el título La muger fuerte, assombro de los desiertos, penitente y admirable Santa María Egipciaca (1677), dedicada a la entonces reina Mariana de Austria.


















Pero la más conocida, sin duda, es la atribuida al dramaturgo Juan Pérez de Montalbán (1602-1638), quien escenifica muy libremente la vida de santa María Egipciaca en su obra La gitana de Menfis, Santa María Egipciaca (edición princeps 1635), obra que obtuvo gran éxito y que se siguió representando hasta bien avanzado el siglo XVIII y aún del XIX. Dicha obra fue prohibida por la Inquisición, pero fue recogida de forma fragmentaria en pliegos de cordel en lo que se ha venido a llamar Relaciones de comedia.


En esta primera relación, que remite al acto primero de la comedia, María acaba de enterrar a su padre Claudio con gran indiferencia, a lo que Zósimas, pretendiente rechazado por ella y nombrado albacea por el finado, pretende ingresarla en un convento para cumplir la voluntad de su padre, a lo que ella se niega y prefiere una vida con entera libertad. La comedia desarrolla una fabulosa trama muy alejada de lo reflejado en los santorales, aunque con referencias escénicas a su vida que Montalbán desarrolla de forma muy teatralizada, donde introduce la sátira y la comicidad: ocurrencias, burlas y juegos verbales de gracioso, junto a nuevos recursos escenográficos propios del teatro barroco, con el fin de agradar al público, convirtiendo a las santas legendarias en elegantes damas.

Pliego editado en Málaga por Félix de Casas, cuya actividad impresora se desarrolla entre 1781 y 1805.








Añado una segunda relación, impresa en Córdoba por el colegio de Nuestra Señora de la Assumpción [s.a.], aunque conocemos también otra edición del prolífico editor cordobés Rafael García Rodríguez, impresor entre 1805 y 1844.

Según los datos aportados por José María de Valdenebro y Cisneros en su libro La imprenta en Córdoba, editado en Madrid por los Sucesores de Rivadeneyra en el año 1900, pág. XXIII,  sostiene que la imprenta del Colegio de Nuestra Señora de la Assumpción tuvo actividad desde 1730 hasta 1767, detallando los nombres de sus regidores hasta ese último año, donde la expulsión de los religiosos de la Compañía de Jesús concluyó con la imprenta y cerró el colegio que regentaban desde 1574. Restituida de nuevo la imprenta, el motín reaccionario de 1814 destruyó los aparatos y desperdigó por calles y plazas los moldes y letras del establecimiento.

En dicha relación María expone claramente su proyecto de vida:

                                                    'Toda reclusión me enfada,
                                                    toda soledad me ofende;
                                                    ver mucho, me alivia mucho;
                                                    mucho hablar, mucho me mueve'.
                                                    […] 
                                                   Y finalmente, seré 
                                                   una mujer, que no tiene 
                                                   más imperio, y sujeción, 
                                                   que aquello mismo que quiere.






Otro pliego, más ajustado a lo recogido en los santorales, es el que reproduzco a continuación, impreso también en Córdoba en la oficina de doña María de Ramos [s.a.], cuya labor impresora se desarrolló entre 1784 y 1789. Es interesante advertir que la xilografía que lo ilustra es intercambiable con la vida apartada de Genoveva de Brabante, alimentada en su retiro con la leche de una cierva, que aparece en una esquina del grabado, y a la que dediqué una entrada anterior. 









La gitana de Menfis, al igual que sucediera con otras comedias de santos del barroco, fue prohibida por el Santo Tribunal en el siglo XVIII por considerar que no se ajustaba a la moralidad que debía observarse aduciendo una serie de motivos. Existen diferentes delaciones y censuras expedidas en distintos años prohibiendo su representación. Aunque la cita es larga, considero de interés dar a conocer una de ellas en resolución dada en Madrid el 17 de mayo de 1795:
Vista, leída y examinada la comedia con toda posible reflexión, debemos decir a V.SS. que la mayor parte de ella está sembrada de expresiones y proposiciones malsonantes, inductivas al desprecio del estado del santo matrimonio y abuso torpe del fin para que fue instituido, enseñando a hacer comercio carnal por intereses temporales, provocativas en sumo grado ad libidinem, escandalosas y llenas de peligro y veneno mortal para la juventud, y que indispensablemente han de relajar el orden de las buenas costumbres los equivoquillos de que usa muy mal el autor para explicarlas […]. En la pág. 12, columna 2, desde la lín. 8 se halla una expresión que provoca a la desesperación de la salvación eterna. Dice así: “Ese tiempo que durare (la vida) quiero tener alegría, y después venga la muerte, vengan penas y desdichas”. Zósimas, corrector introducido de la gitana, la aconseja a quejarse contra el cielo. El interlocutor Ventura mezcla sus fingidos milagros con expresiones lascivas. Así dice en la pág. 33, col. 5, lín. 1: “En los ojos de Teodora”. Finalmente, se habla en la citada comedia con algún desprecio de las órdenes y estado religioso, haciéndole como odiosos a las personas incautas, hay alguna expresión que hace violencia en la elección de estado, y abusa el autor con demasiada continuación de palabras destinadas solamente al culto de Dios para aplicarlas a objetos profanos: “mi adorado serafín”, “pues María ya te adora”, “Te quiero, estimo y adoro…”, etc. Por todo lo cual somos de sentir que la citada comedia intitulada La gitana de Menfis, Santa María Egipcíaca, está llena en muchas partes respectivamente de expresiones y proposiciones escandalosas, malsonantes, impuras y provocativas ad libidinem, piarum aurium ofensivas, impías y con sabor de idolatría y blasfemia. […] En vista della entiendo que el autor se propuso el fin de inspirar a la juventud el desprecio de la vida libertina y el amor a la virtud, proponiendo los desvíos de la santa en sus verdes años, y por lo tanto me persuado que es católico. Pero, aunque el fin es bueno, lo desempeña mal, y por lo tanto su lectura es dañosa a la gente joven […] Demás desto, se encuentran en los interlocutores de la comedia patrañas, ficciones y ridiculeces que no deben permitirse de modo alguno en la historia y relación de las vidas de los santos. […] por esta razón y de que su lectura pueda causar mucho daño y ruina espiritual, somos de dictamen de que V.SS. no la permita correr […]. Fulgencio Gil del Cielo y Plácido Ruiz de San Antonio de Padua, de las Escuelas Pías de Lavapiés (Madrid). 15 de mayo de 1795.
A pesar de toda una serie de prohibiciones la comedia fue del agrado del público durante más de dos siglos, pues la sabia combinación entre lo popular y lo culto, entre una vida disipada y una conversión asombrosa, no perdieron interés a lo largo del tiempo.

En una posterior entrada daré cuenta de cómo la vida de María de Egipto se mantuvo en el tiempo y fue inspiradora de otros pliegos de cordel, si bien con otros escenarios y personajes.

Antonio Lorenzo

miércoles, 3 de febrero de 2016

Santas que fueron prostitutas: Santa María Egipciaca (II)


Comentaba en la anterior entrada dedicada a Santa María Egipciaca cómo el monje Zósimo, en su habitual incursión por el desierto para hacer penitencia con motivo de la Cuaresma, se encontró con una mujer desnuda y muy deteriorada físicamente a la que ofreció su manto. En su primer encuentro la penitente narró al sorprendido monje la historia de su vida. Quedaron en encontrarse de nuevo el Jueves Santo del año siguiente, donde Zósimo le administró la comunión (escena recogida ampliamente en la iconografía de la santa). Al año siguiente, Zósimo viajó en la misma fecha al lugar de su primer encuentro administrándole de nuevo la comunión. Al regresar de nuevo al tercer año se la encontró muerta y con su cuerpo incorrupto junto con una inscripción en la arena solicitando su enterramiento.

Según la leyenda, Zósimo enterró su cuerpo con la ayuda de un león (que al igual que aparece, súbitamente en la narración desaparece de forma insólita) que excavó la arena con sus garras para darle sepultura. A su regreso al monasterio, contó la historia de María a sus hermanos conservándose por tradición oral hasta que fue recogida por escrito por Sofronio. El motivo del león, que también se encuentra presente en el original francés y en las otras versiones de la leyenda, puede relacionarse con la vida de san Pablo el anacoreta, recogido en la Leyenda áurea como el primer ermitaño

El simbolismo del león es complejo y de significados ambivalentes. Desde la antigüedad fue considerado como imagen y encarnación de muy diversas deidades: desde el mundo egipcio (diosa Sekhet), a sus representaciones en el arte asirio y babilonio (diosa Isthar), o en la tradición griega como figura protectora y vigilante de espacios sagrados.

Plinio el viejo (23-79 d.C), en el octavo libro de su Historia Naturalis, vincula al león con la resurrección de Cristo, pues se apoya en la creencia legendaria de que los leones nacían muertos y que a los tres días volvían a la vida gracias a la insuflación del aliento paterno. Desde los inicios de la cristiandad la connotación positiva del león, frente a su imagen negativa (enfrentamientos con Sansón, David o Daniel),  se pone de manifiesto en diversos pasajes de la Biblia y se configura como símbolo del evangelista san Marcos o como acompañante de santos (san Jerónimo). En los libros miniados, conocidos como bestiarios, la figura del león suele asociarse a Jesucristo como figura victoriosa, que es la que más ha pervivido a lo largo del tiempo.

Respecto a la figura seductora y atractiva de María de su anterior vida pecadora, su paso por el desierto fue transformándola en una mujer muy degradada físicamente donde el narrador establece un juego de contrastes entre lo desaforado de su vida erótica y la rigurosidad ascética practicada en su retiro en el desierto (recogido también en la iconografía).

José de Ribera (1591-1652)

Así se nos cuenta en el códice conservado en la Biblioteca de El Escorial:

                                          Toda mudó d'otra figura,
                                          qua non ha panyos nin vestidura.
                                          Perdió las carnes e la color,
                                          que eran blancas como la flor;
                                          los sus cabellos, que eran rubios,
                                          tomáronse blancos e suzios.
                                          Las sus orejas, que eran albas,
                                          mucho eran negras e pegadas.
                                          Entenebridos abié los ojos;
                                          abié perdidos los sus mencojos.
                                          la boca era empelefida,
                                          e derredor muy denegrida.
                                          La faz muy negra e arrugada
                                          de frío viento e de la elada
                                          la barbiella e el su grinyón
                                          semeja cabo de tizón.
                                          Tan negra era su petrina,
                                          como la pez e la resina.
                                          En sus pechos no abiá tetas,
                                          como yo cuido eran secas.
                                          Braços luengos e secos dedos,
                                          cuando los tiende semejan espetos.
                                          Las unyas eran convinientes,
                                          que las tajaba con los dientes.
                                          El vientre abié seco mucho,
                                          que non comié ningún conducho.
                                          Los piedes eran quebraçados:
                                          en muchos logares eran plagados,
                                          por nada non se desviaba
                                          de las espinas on las fallaba.
                                          Semejaba cortes(a),
                                          mas non le fallía hi res:
                                          cuand' huna espina le fín'a,
                                          de sus pecados uno perdía,
                                          e mucho era ella gozosa
                                          porque sufrié tan dura cosa (720-755).




Su ascensión a los cielos transportada por ángeles también es objeto de su iconografía, si bien son versos agregados por el poeta hispánico a partir de sus fuentes francesas.

                                           Los ángeles la van levando,
                                           tan dulçe son que van cantando.
                                           Mas bien podedes esto jurar,
                                           que el diablo no ý pudo llegar. (1336-1339)



















Las dos siguientes ilustraciones recogen las escenas más significativas de la leyenda.



Selección de imágenes








La fortuna de la leyenda fue tanta que la recogen autores como Gonzalo de Berceo en sus Milagros de Nuestra Señora, estrs. 521, 767, 583, entre otras obras suyas, o el propio rey Alfonso X el Sabio en la cantiga número 98 (adaptada) de sus Cantigas de Santa María.

Dejo para una siguiente entrada la reproducción de los pliegos de cordel que tratan sobre dicha leyenda y su relación con el teatro del Siglo de Oro.

Antonio Lorenzo