domingo, 28 de diciembre de 2014

Villancicos alegres para cantar en seguidillas


Ilustro esta nueva entrada con unos alegres villancicos para cantar en seguidillas de la imprenta madrileña de Marés en 1845.






Antonio Lorenzo


martes, 23 de diciembre de 2014

Villancicos al nacimiento del hijo de Dios con la 'Pastorela de las ballecanas'

Murillo - La adoración de los pastores (1668)
De la imprenta madrileña de Alejo López García, situada en la calle de los Abades y de la que no conozco más datos, estos villancicos, fechados en el año 1820, de aires muy populares y acompañados por la Pastorela de las Ballecanas, cuya composición la considero del siglo XVIII por la razones que expongo, y por cuyo estribillo permite suponer que era cantada:
                                A cerner, a cerner, Ballecanas,
                                run, run, tan, run, run, tan
                                run, run, tan, tan,
                                pues del cielo a la tierra
                                run, run, tan,
                                la lluvia baja, run, run, tan, tan
En la pastorela del pliego se hace repetida mención al trabajo de las Ballecanas cerniendo harina para la elaboración del pan. La alusión a esta actividad tiene pleno sentido, pues en el reinado de Carlos III el camino obligado para Valencia pasaba por el Camino de Ballecas (1760), nombre antiguo cuya división administrativa desde el año 1987 comprende los actuales distritos del Puente y de la Villa de Vallecas. En el siglo XVIII, como lugar de tránsito y de paso para Madrid sólo existía un camino hacia la villa de realengo llamada Ballecas, siendo uno de los sexmos (división administrativa de origen medieval que equivalía a la sexta parte de un territorio y que comprendía diversos pueblos asociados) teniendo bajo su jurisdicción a los términos de Vicálvaro, Velilla, Rivas, Canillejas, Hortaleza y Fuencarral, entre otros.

A finales de los años veinte del siglo XVIII, y para salvar el arroyo Abroñigal, caudaloso en días de tormenta y lluvias copiosas, linde natural entre Madrid y Vallecas, la Villa encargó la construcción de un puente en el Camino de Ballecas al arquitecto que construyó el Puente de Toledo. El puente de fábrica de albañilería y mampostería se concluyó hacia 1731, hoy desaparecido, pero que ha dejado su recuerdo en el topónimo del Puente de Vallecas.

Pues bien, el nombre de Vallecas, desde mediados del siglo XVIII y hasta finales del siglo estuvo asociado a la popularidad de sus tahonas y a la de sus afamados panes, llegando a contabilizarse hasta setenta establecimientos, cuya actividad fue una de sus señas de identidad, pues en la Villa de Madrid se acostumbraba a esperar a las recuas de mulas para comprar sus ricos panes a los vendedores ambulantes que llegaban diariamente de Vallecas. El propio Tirso de Molina hace mención a los panaderos de Vallecas como mensajeros de cartas y misivas en su obra Don Gil de las calzas verdes y anteriormente en  La villana de Vallecas, de las que muestro unas portadas antiguas.


















El abastecimiento de pan a Madrid fue un motivo de preocupación para el gobierno. La política sobre el abastecimiento varió en 1743 cuando el rey ordenó la creación de una Junta de Abastos que prohibía introducir en la capital el pan hecho en las cercanías de Madrid con el fin de potenciar y promover el consumo interior mediante un gremio que inició su andadura en 1757, si bien la Hermandad de Tahoneros y Panaderos de la corte elaboró una ordenanza que impedía la venta de pan procedentes de todos los pueblos madrileños excepto de Vallecas.

Con el tiempo la especialización laboral de las tahonas fue decayendo y la actividad se dirigió a la explotación de canteras para las construcciones de la capital junto a los yeseros y vendedores de leña, carbón, ladrillos, tejas y cal que se acercaban a vender sus productos a la capital, lo que fue cambiando progresivamente la economía de los vecinos vallecanos.










Antonio Lorenzo

domingo, 21 de diciembre de 2014

Coplas en alabanza del Sagrado Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo


De la imprenta cordobesa de don Fausto García Tena, donde no figura el año de edición, aunque sabemos que editó entre 1844 y 1861, estas coplas en alabanza al Sagrado Nacimiento. 




Antonio Lorenzo

sábado, 20 de diciembre de 2014

viernes, 19 de diciembre de 2014

Sátira graciosa y entretenida para reír y pasar el tiempo


Pliego donde se repasa de forma burlesca las prácticas y abusos de ciertos oficios populares ridiculizando determinadas conductas en un tono que refleja una verdadera crítica social, a pesar de presentarse a modo de simple diversión para pasar el rato.

Son sujetos de críticas, entre otros: los sastres y tejedores, los molineros y panaderos, los taberneros y estanqueros, sin que falten las alusiones misóginas sobre las mujeres chismosas, derrochadoras o bebedoras a espaldas del marido.

Aunque se trate de parecida temática, la segunda parte parece, por su tono, un añadido para completar el pliego, ya que la primera parte concluye con la petición del recitador o cantante:

El autor de estas coplas
ha sido un ciego,
más de cuatro los ojos
aquí han abierto:
Verdades
les he dicho a millares,
y ahora dando fin,
a esta historia y asunto,
suelta y dame los cuartos
que este es el punto.
                                
El pliego procede de la imprenta vallisoletana de Dámaso Santarén y está fechado en el año 1847.






Antonio Lorenzo

jueves, 11 de diciembre de 2014

Sainete gracioso de 'El payo de la carta'

Goya - Los cómicos ambulantes (1793-1794)
Un aspecto a considerar, que no se encuentra lo atendido que debiera por la crítica literaria, es el concerniente a la relación de los pliegos de cordel con las formas del teatro breve en sus diversas manifestaciones. Un número no desdeñable de pliegos contienen resúmenes de comedias, entremeses, sainetes, pasillos, diálogos, etc., cuyo ligero soporte y su bajo precio era un adecuado instrumento de apoyo para ser representado en las tertulias ante un reducido número de vecinos, familiares o amigos. Hay pliegos que nos ofrecen resúmenes o meros fragmentos de comedias que tuvieron éxito o bien determinados diálogos, parlamentos o monólogos.

Muchas de las relaciones que encontramos en los pliegos no son sino la reducción de una pieza dramática o una abreviación de la misma en apenas cuatro hojas. Por lo general, el nombre del autor de la obra 'reducida' se silencia y no aparece citado, por lo que las pesquisas para tratar de identificar la obra o fuente de la que procede puede constituir una laboriosa labor cuando no conducir a una búsqueda infructuosa.

Esta literatura, despreciada por los críticos literarios hasta épocas relativamente recientes, ha logrado mantener motivos y recreaciones de temas antiguos que ahora resultan de gran interés sociológico por cuanto constituyen un reflejo, obviamente con sus contradicciones y especificidades, de la sociedad de su época y del imaginario colectivo de las llamadas más o menos clases populares.

El hecho de que se hayan conservado numerosas impresiones, tanto de los textos como de las xilografías que les acompañan y editadas en puntos distantes de la geografía nacional, son prueba evidente de su popularidad y del modesto negocio que suponía para sus impresores y distribuidores.

En este apartado trataré de agrupar y exponer algunos ejemplos que se encuentran en los pliegos sueltos en relación con el teatro en sus diversas variedades.

Antes de dar paso al primer ejemplo conviene comentar algo sobre la ambigüedad terminológica de lo que se entiende por Teatro breve.  Hay críticos que prefieren denominarlo teatro corto, teatro menor o géneros menores donde se englobarían el paso o entremés, el pasillo y la comedia burlesca, el sainete, la loa y la farsa, las jácaras, las sátiras y mojigangas, o el género chico, aludiendo, con más o menos matices a una pieza cómica breve. Modernos estudios relacionan estas piezas del teatro breve con el carnaval o con la fiesta del Corpus. Creo, por tanto, de interés el estudio de los efímeros pliegos de cordel, de los que sólo pretendo darlos a conocer y a divulgar, para trazar el mapa de estos géneros menores posteriores a la época áurea, puesto que la llamada 'historia del gusto' (como modo de juzgar, valorar, sentir e interpretar la realidad), algo que no se debe olvidar, no depende de los críticos sino de los creadores y los espectadores o consumidores.

La evolución de la comedia en estos géneros teatrales de una forma cronológica es dificultosa puesto que son géneros fronterizos donde se mezclan elementos y recursos y donde se solapan personajes teatrales (criados, pastores, maridos engañados, el fanfarrón, el simple y el gracioso, etc.).

La presencia del baile y de la música de una forma más estable y organizada respecto a sus formas precedentes desembocará en la tonadilla escénica y en el llamado género chico y en la zarzuela donde se intercalan números musicales con escenas dialogadas.

Pero vayamos a este primer ejemplo inaugural del apartado. Se trata del sainete El payo de la carta, impreso en pliegos repetidas veces, como luego veremos, cuyo silenciado autor no es otro sino el gaditano Juan Ignacio González del Castillo (1763-1800), cuyos sainetes (compuso cuarenta y cuatro) fueron representados con cierta frecuencia según consta en la 'cartelera madrileña' entre 1830-1849, en un número de ciento ochenta y ocho representaciones correspondientes a dieciocho sainetes diferentes. Aún así, nuestro sainetero no alcanzó la fama del madrileño don Ramón de la Cruz, autor de más de trescientos sainetes, muriendo de peste a los 37 años y siendo enterrado de limosna a extramuros de Cádiz.

El personaje del payo o del campesino ignorante, como recurso de comicidad, fue utilizado profusamente en gran variedad de géneros. El argumento del sainete es más o menos así: los payos andaluces Bartolo y Pascual, al llegar a la corte tienen un altercado con don Pedro y don Antonio al tropezar con el primero en la calle. Ambos se dirigen con una carta a casa de Graciosa, actriz afamada, pretendiendo Bartolo que Graciosa dé respuesta a la carta que llevaba sin haberla leído previamente. La carta, enviada por un admirador de Graciosa, proponía a Bartolo un papel principal en una tragedia que él creyó que podría ser de dama primera 'por mi cara y por mi hermosa presencia' en una obra de grandes pretensiones de título 'Mitridates' (tal vez un guiño burlón a la pomposidad de la tragedia 'Mitrídates', del dramaturgo francés Racine estrenada en 1673) y solicita a Graciosa que le instruya en la declamación, lo que provoca la hilaridad de los caballeretes don Pedro y don Antonio cuando Bartolo trata de repetir la alambicada lección de Graciosa:
                    "Del hórrido furor que inexorable
                    fue momento infeliz de mi destino,
                    es hoy de mi desgracia el sanguinario
                    instrumento fatal que se previno".
A lo que Bartolo, al tratar de repetirlo, dice:
                    "El jocico feroz que perdurable
                    fue comiendo con Félix el pepino
                    es hoy con linda gracia el luminario:
                    según muerto está ya, que traigan vino".
Tras el pliego completo, editado en Barcelona por la imprenta de Llorens (s.a), donde se incluye al final una interesante relación de sainetes disponibles en la misma casa, reproduzco las portadas de otros ejemplares madrileños del mismo asunto.







Madrid: Imprenta de Núñez, 1813. Se hallará en la librería de Quirós, calle de Atocha.



Antonio Lorenzo

viernes, 5 de diciembre de 2014

Coplas graciosas y entretenidas para reír y pasar el tiempo


Este pliego de cordel, donde no figura ni el editor ni el año, se inscribe en el cajón de sastre del género burlesco, haciéndose eco de la mala fama de las prácticas de ciertos oficios y presentándonos un elenco de personajes populares, habituales también en las distintas formas del teatro breve de los siglos XVI y XVII, así como en la cuentística y en numerosos relatos. Es frecuente que aparezcan entre ellos, como paradigmas de tipos folklóricos, los barberos, sacristanes, molineros, sastres, zapateros, tejedores, taberneros y panaderos, etc.

El pliego guarda una estrecha relación temática con la célebre letrilla satírica de Quevedo Poderoso caballero es don Dinero, coincidencia expresiva que se traduce en el pliego en la reiteración de la paremia tras cada estrofa de ¡O quanto puede el dinero!

La importancia del dinero para falsear la realidad o subvertir estamentos no es invento de Quevedo. Ya en los filósofos clásicos se encuentra la idea de la riqueza como fuente de disputas e injusticias y como soporte de ascenso social, idea que supo recoger magistralmente Quevedo mediante el recurso de personificar a don Dinero.

El pliego se detiene en aspectos mucho más de 'andar por casa' aludiendo a la malas prácticas de aquellos que utilizan materiales malos o endebles para que duren poco o a quienes manipulan pesos o medidas, según nos informa burlonamente el Doctor Traga sopas..., natural de Masca la Caca






Antonio Lorenzo

domingo, 30 de noviembre de 2014

Lo que le sucedió a un carbonero cuya mujer le cambió las alforjas por los calzones de su amante


Divertida relación, impresa repetidas veces,  donde se achaca a las viejas el ser alcahuetas y enredadoras y expertas en utilizar todo tipo de tretas y astucias para engañar a unos y a otros.

Reproduzco algunas de las portadas del mismo pliego, impresas por diferentes imprentas, antes de ofrecerlo por entero.

Portada de la edición valenciana de Agustín Laborda (s.a)

Portada de la edición madrileña de la Imprenta Universal (s.a.)

Portada sin lugar de edición y sin año
Portada de la edición madrileña de Marés (1846)

De la Imprenta leridana de la C. [Casa] Corominas, sucesores de Buenaventura Corominas i Escaler (editor entre 1815 y 1841), al que sucedió su viuda (Teresa Terré i Palau) y posteriormente el hijo de ambos, Llorenç, quien la administró hasta 1890, este Nuevo y discreto romance, gracioso y divertido, sucedido, según el pliego, el 2 de enero de 1793.











Antonio Lorenzo