domingo, 16 de diciembre de 2012

Devoción a la Virgen del Rosario

Murillo - La Virgen del Rosario
La advocación mariana de Nuestra Señora del Rosario, que se celebra actualmente cada 7 de octubre, cuenta con una fecunda tradición y en ella se superponen diferentes elementos que hacen complejo el establecer un desarrollo unitario de todas las variantes que confluyen en su advocación.

Esta superposición de elementos hace que el culto a la Virgen del Rosario se solape con el culto a Nuestra Señora de las Victorias o a la llamada Virgen de Lepanto, con el común denominador de confluir en todas ellas el culto genérico a La Virgen del Rosario.

Antes de tener un nombre propio, la devoción a María se remonta a la costumbre monacal de rezar 150 salmos cada día. Ya en el siglo IX existía la costumbre de hacer nudos en un cordel para contar los Padrenuestros y los Ave Marías. A ello se unía la tradición de ofrendar coronas de flores o rosas (de ahí el rosario) en las imágenes marianas.

El rezo del Rosario, tal y como hoy lo conocemos, surgió en el Siglo XV y se hizo muy popular a raíz de la predicación del sacerdote dominico, Alano de la Rupe (+1475). Según la tradición, Alano de la Rupe tuvo una visión donde la Santísima Virgen se le apareció a Santo Domingo de Guzmán, fundador de la orden de Predicadores (Dominicos), mostrándole una bella guirnalda de rosas y sosteniendo en su mano un rosario. Enseñó a Domingo a recitarlo y le conminó a que rezara y enseñara a rezar el Rosario como una poderosa arma para luchar contra la herejía.

Esta devoción se extendió rápidamente por el empuje de la Orden Dominica. A ello se unieron las "promesas" de la Virgen y predicadas por el Beato Alano de la Rupe a los que rezaran el rosario frecuentemente.


1. Quien rece constantemente mi Rosario, recibirá cualquier gracia que me pida.2. Prometo mi especialísima protección y grandes beneficios a los que devotamente recen mi Rosario.
3. El Rosario es el escudo contra el infierno, destruye el vicio, libra de los pecados y abate las herejías.4. El Rosario hace germinar las virtudes para que las almas consigan la misericordia divina. Sustituye en el corazón de los hombres el amor del mundo con el amor de Dios y los eleva a desear las cosas celestiales y eternas.5. El alma que se me encomiende por el Rosario no perecerá.6. El que con devoción rece mi Rosario, considerando sus sagrados misterios, no se verá oprimido por la desgracia, ni morirá de muerte desgraciada, se convertirá si es pecador, perseverará en gracia si es justo y, en todo caso será admitido a la vida eterna.7. Los verdaderos devotos de mi Rosario no morirán sin los Sacramentos.8. Todos los que rezan mi Rosario tendrán en vida y en muerte la luz y la plenitud de la gracia y serán partícipes de los méritos bienaventurados.9. Libraré bien pronto del Purgatorio a las almas devotas a mi Rosario.10. Los hijos de mi Rosario gozarán en el cielo de una gloria singular.11. Todo cuanto se pida por medio del Rosario se alcanzará prontamente.12. Socorreré en sus necesidades a los que propaguen mi Rosario.13. He solicitado a mi Hijo la gracia de que todos los cofrades y devotos tengan en vida y en muerte como hermanos a todos los bienaventurados de la corte celestial.14. Los que rezan Rosario son todos hijos míos muy amados y hermanos de mi Unigénito Jesús.
15. La devoción al Santo Rosario es una señal manifiesta de predestinación de gloria.

A esta tradición, ya consolidada, vino a añadirse un hecho singular que marcó e incrementó de forma espectacular esta devoción en el orbe cristiano, la cual fue la victoria de las tropas cristianas en el golfo de Lepanto, batalla en la que participó Miguel de Cervantes, quedando herido en un brazo.

La escuadra de la Liga Santa, integrada por el Papado, Venecia, España, algunos pequeños estados italianos (Génova, Saboya…) y los Caballeros de Malta y comandada por don Juan de Austria, derrotó a la escuadra otomana un 7 de octubre de 1571 en Lepanto (Peloponeso, Grecia) en una batalla que el entonces sumo pontífice hoy venerado como San Pío V encomendó a la intercesión de la Virgen del Rosario y a cuya ayuda se atribuye la victoria.

En este cuadro de Vasari podemos apreciar a la flota cristiana en Mesina antes de su partida al encuentro del turco.



El papa, agradecido, instituyó la fiesta con el nombre de Nuestra Señora de las Victorias. Pero fue Gregorio III quien cambió el nombre de la fiesta por Nuestra Señora del Rosario, aunque en muchos sitios tomó el nombre de "Nuestra Señora del Rosario y de las Victorias".

También se atribuye a la intercesión de la Virgen del Rosario el rechazo a los sitiadores británicos que trataron de apoderarse de La Coruña en 1589 con la intervención de María Pita.

Un fuerte impulso a la veneración al Santo Rosario ha contribuido en épocas más próximas las apariciones marianas, singularmente Lourdes (siglo XIX) y Fátima (siglo XX). Numerosas son las parroquias, congregaciones religiosas, cofradías, imágenes dedicadas a la Virgen del Rosario, que ha traspasado ampliamente las fronteras originarias de la Orden Dominica.

En 1716 Clemente XI extendió esta fiesta a toda la Iglesia. León XIII acrecentó su importancia litúrgica con la publicación  encíclicas referentes al rosario.  Insistió en el rezo del rosario en familia, consagró el mes de octubre al rosario e insertó el título de "Reina del Santísimo Rosario" en la Letanía de la Virgen. Por todo esto mereció el título de "El Papa del Rosario". Todos los Papas del siglo XX han sido muy devotos del Santo Rosario. Muy recientemente el Papa Juan Pablo II revitalizó el Rosario, añadiendo a los 15 Misterios ya conocidos, 5 Misterios más, referidos a la vida pública de Jesucristo. En la Carta Apostólica “El Rosario de la Virgen María” defiende y promueve esta práctica oracional mariana.

Cofradías y Hermandades

Más o menos aclarada esta superposición o sincretismo de las advocaciones de Nuestra Señora de las Victorias (o de las Batallas), Nuestra Señora de Lepanto y Nuestra Señora del Rosario, comentaré algo sobre las cofradías y hermandades.

La Orden de Predicadores fomentó, durante el siglo XV, la creación de cofradías donde su misión era el rezo del rosario y ofrecerlo a las necesidades de los demás hermanos. La rápida expansión de estas cofradías se debió en gran parte al fuerte apoyo de los Papas y al auge que experimentaron las imprentas en la difusión de estas prácticas devocionales. Durante todo el siglo XVI se produce un florecimiento enorme de estas cofradías, extensivas al Nuevo Mundo y a otros territorios de la misión dominica. La devoción al Santo Rosario se acrecentó durante los siglos XVII y XVIII, extendiéndose hasta nuestros días.

Junto a la ingente cantidad de obras aparecidas en estos siglos referidas al Rosario, con el propósito de fomentar su práctica y devoción, vieron la luz sencillos opúsculos y estampas para la gente sencilla. Ejemplos de esta literatura popular son las estampas y pliegos que ofrezco de mi colección.


Barcelona, Imprenta de José Rubió, s.a.
Barcelona, Imprenta de José Rubió, s.a.

















Barcelona, Herederos de la Viuda de Pla, s.a.

Barcelona, Impr. Cristina Segura_A
Barcelona, Impr. Cristina Segura_B

















Virgen del Rosario. Grabado del siglo XVIII. Alcazar San Juan


Barcelona, Herederos de Juan Jolis, s.a.

Barcelona, Imprenta de José Tauló, 1861

El Rosario de la Aurora

El Rosario de la Aurora alude a las procesiones y a las prácticas del rezo del Rosario que se popularizaron a finales del siglo XVII. Se trata, en suma, del rezo o canto del Rosario por las calles al amanecer donde abundan coplas de raigambre popular y que suelen ser acompañadas con instrumentos musicales.

Esta forma peculiar de rezar el Rosario, como se comenzó a practicar en Sevilla, se popularizó rápidamente por otros lugares como rosarios callejeros. Esta práctica, aunque con altibajos, ha llegado hasta nuestros días. Existen diversas variantes sobre cómo se desarrollan estos rosarios callejeros. En algunos lugares existen las figuras de los ‘avisadores’ encargados de despertar a los ‘rosarieros o despertadores’ para que recorrieran el pueblo despertando a los fieles. Estas agrupaciones recaudaban fondos para la sede de su parroquia o convento. En la huerta murciana se conocen como cuadrillas, coros o auroros, que portan campanas como instrumento musical. Estos campanilleros, generalmente dos, suelen cantar las coplas alternando un verso cada uno que luego repite el resto de la cuadrilla en una curiosa en interesantísima muestra de polifonía popular.

Una copla muy conocida es la que sigue:

El demonio, como es tan travieso,
agarró una piedra y rompió un farol,
y salieron los padres Franciscos
y lo apedrearon hasta el callejón.
Escucha y oirás
las campanas que te pegan voces
que el Santo Rosario vayas a rezar.


Acabar como 'El Rosario de la Aurora'

La expresión ‘Acabar como el Rosario de la Aurora’ reúne varias interpretaciones. Algunos autores sitúan su origen en la ciudad de Cádiz, otros en Sevilla o en la ciudad de Madrid. El común denominador a todas ellas se refiere al enfrentamiento de dos cofradías  y a la discusión de su preferencia de paso en sus respectivos itinerarios. En el caso madrileño parece ser que se encontraron en una calle estrecha la cofradía del Rosario que salía de la antigua iglesia de San Francisco con la cofradía que salía a su vez del Colegio de Santa Catalina. Al disputar por la presencia de paso por una calle estrecha los cofrades llegaron a las manos blandiendo los faroles y los mástiles de los estandartes y pendones que portaban dando lugar a la expresión que comentamos de acabar a farolazos como el Rosario de la Aurora’.

Un bello cuadro de Eugenio Lucas ilustra este enfrentamiento, pero lo sitúa en una especie de desmonte en espacio abierto. Eugenio Lucas intenta emular claramente la estética goyesca dejando a la mayoría de las figuras apenas bosquejadas para infundir en el espectador la sensación de revuelo y  movimiento, tan característico de la estética romántica.


 La tradición del rezo del rosario ha perdurado hasta nuestros días, como puede contemplarse en las siguientes convocatorias.




Antonio Lorenzo

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